7 dificultades a evitar en la predicación – Michael J. Kruger

Predicar es un trabajo duro.

Para los que están sentados en los bancos, predicar puede parecer relativamente fácil, en especial cuando se hace bien. Pero no se deje engañar. Predicar agota el cuerpo y el alma de manera desproporcionada respecto a su duración. Podría trabajar en el patio todo el día en el calor a 32 grados y (de alguna manera) sentirme menos cansado que predicando dos servicios.

Pero no es solo el desgaste físico y espiritual que conlleva la predicación. La complejidad de la tarea es lo que hace que sea difícil. Solo el ponerse de pie y hablar por 30 minutos (y que tenga algo de sentido) es lo suficientemente duro para la mayoría de la gente. Pero además de esto, los predicadores tienen que navegar un pasaje complicado, equilibrar doctrinas sensibles, entretejer un mensaje coherente, aplicar el mensaje a la vida de las personas, y hacerlo todo de una manera que sea irresistible, envolvente, atractivo, y nunca aburrido o apagado.

No es de extrañar que Santiago dijera: “…no se hagan maestros muchos de ustedes” (Santiago 3:1).

Dada la complejidad de la predicación, hay una serie de dificultades que todos los predicadores (especialmente los que aspiran a serlo) están en riesgo de caer. Aquí hay siete que he notado en los últimos años:

1. Confundir la predicación “expositiva” con comentarios.

En algún momento, algunos pastores se han convencido de que la parte “expositiva” de la predicación significa que un sermón debe sonar como un comentario. Lo ven como una lista cronológica actualizada de observaciones sobre el texto.

Por desgracia, esta medida confunde dos géneros diferentes. Aunque la predicación debe descomprimir el texto, se diferencia de un comentario de manera significativa. De primera importancia, los sermones tienen un componente exhortativo que a menudo los comentarios carecen; los sermones no parecen ser solo para la mente, sino también para el corazón. Se preocupan no solo de la verdad, sino también de imprimir esa verdad en quienes escuchan.

2. Suponer que más ilustraciones siempre es mejor.

Las ilustraciones son una parte crítica de un sermón eficaz. A menudo recordamos más las ilustraciones que el propio sermón. Pero eso no quiere decir (como algunos a menudo asumen) que cuanto más ilustraciones, mejor. A veces, menos es más.

Charles Spurgeon, el ilustrador principal, dijo que un sermón sin ilustraciones es como una casa sin ventanas. Pero, añade, ¡no quieres una casa que solo sea de ventanas!

3. Pensar que predicar a Cristo significa predicar la justificación.

Sin lugar a dudas, la justificación solo por la fe es una de las doctrinas más preciosas que creemos. Estaba en el centro de la Reforma, y es fundamental para nuestra comprensión de la salvación. Pero —y este es un punto clave— predicar de la justificación no es la única forma de predicar a Cristo. Es una manera de predicar a Cristo; resalta su sacrificio salvífico. Resalta su función sacerdotal. Pero Cristo es también el profeta y rey esencial. Predica estos oficios y todavía estarás predicando a Cristo.

Si uno falla en entender este punto, entonces cada sermón rondará en torno a la justificación, sin importar lo que dice el texto, y así cada sermón termina sonando de la misma manera.

4. Negarse a cortar cosas buenas de su sermón.

Un obstáculo importante para los nuevos predicadores es la falta de “sobras en el piso de la sala de montaje”. Están tan entusiasmados con cada punto que deciden dejarlos todos. Por desgracia, esto crea un sermón inflado, torpe, y excesivamente largo.

Es el equivalente a un director de cine que mantiene cada escena que filma. Si lo hiciera, la película tendría 12 horas de duración. Tiene que cortar incluso las escenas buenas para hacer espacio para las más esenciales.

Así debería ser con los predicadores. Cuando la preparación del sermón ha terminado, debería haber una (gran) pila de buen material que has dejado atrás. Es entonces que un sermón pasa de bueno a excelente.

5. Suponer que el utilizar las lenguas originales significa analizar verbos sintácticamente en el sermón.

Cada estudiante de seminario quiere demostrar la seriedad con la que toma los idiomas, incluso en un sermón. Eso es bueno. Pero me he sentado a través de demasiados momentos incómodos donde un predicador estudiante hace una pausa para parsear verbos griegos o hebreos en el sermón.

Aparte del hecho de si la congregación tiene que entender la naturaleza de los verbos hebreos, esto confunde el usar los idiomas originales en la preparación del sermón (que es una necesidad) con el uso de los idiomas originales al dar el sermón (que no lo es).

Esto último podría ser útil en raras ocasiones. Pero la cuestión principal es si el predicador ha hecho el trabajo duro en el estudio, independientemente de si la congregación se da cuenta de ello.

Piensa en un chef que prepara una gran comida. El cliente no necesita saber qué técnicas culinarias llevó a cabo en la cocina para disfrutar y beneficiarse del producto final en el comedor.

6. Hacer aplicaciones antes de que hayas desarrollado un punto a aplicar.

Dado que los predicadores están ansiosos por hacer aplicaciones, a veces es fácil soltar el gatillo. Se apresurarán en los detalles exegéticos y pasarán a las discusiones acerca de las implicaciones prácticas. Existe un peligro real aquí. Apresurarse hacia la aplicación te deja sin un verdadero punto para aplicar. Los sermones de este tipo terminan convirtiéndose casi todo en aplicación, meramente una aplicación “práctica” tras otra sin una verdadera comprensión más profunda del texto.

Esta equivocación es realmente opuesta a la primera. Mientras que algunos nunca llegan a la aplicación, otros apenas desarrollan el punto del texto.

7. Pensar que predicar de un manuscrito lo hace un mejor comunicador.

Cuando estás nervioso por predicar, no hay nada más tranquilizador que un manuscrito completo, palabra por palabra, para traer comodidad y seguridad. Sin embargo, no estoy convencido de que ayude más de lo que daña.

Sí, le permite expresar su punto exactamente como desea, con palabras cuidadosamente elegidas. ¿Pero eso en realidad contribuye a mejorar la comunicación? Solo si la congregación está comprometida y escuchando. Este es precisamente el típico problema con el hecho de predicar de un manuscrito completo. Tiende a crear una “predicación burbuja”, en la que el sermón se entrega en una burbuja ordenada, separado de la congregación, mientras el predicador trabaja palabra por palabra a través de su manuscrito.

Al final, hablar de estas siete equivocaciones no hará automáticamente que la predicación sea fácil. Sigue siendo difícil. Muy difícil. Pero esperemos que, el tomarlas en cuenta puede hacer que sea un poco más fácil.

 

Michael J. Kruger es presidente del Seminario Teológico Reformado en Carolina del Norte, donde también está sirviendo como profesor del Nuevo Testamento. El es el autor de “Canon Re-visitado”: Estableciendo los orígenes y la autoridad de los libros del Nuevo Testamento (Crossway, 2012). El escribe con regularidad para el blog “Canon Fodder”.

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