Ministerio y Carácter – Tim Keller

¿Qué es la efectividad ministerial? Una vez que nos embarcamos en una vida ministerial, nos confrontamos inmediatamente con la terrible pregunta: “¿Cómo lo estoy haciendo?”. Bueno, ¿cómo lo estoy haciendo?,  ¿y cómo podría saberlo? En el nivel inconsciente, seminconsciente y consciente (los tres al mismo tiempo) el ministro comienza a azotarse para encontrar una respuesta a esa pregunta: una de las claves del resto de tu vida es encontrar una respuesta a esa pregunta.

preguntas de Reflección:

 ¿Y qué acerca de ti? Antes de continuar leyendo, ¿cómo responderías esta pregunta sobre la  efectividad? ¿Cómo crees que lo estás haciendo?

¿En qué se basa tu medida de efectividad?

el criterio “exitoso”

El surgimiento del criterio del “éxito”. Como lo predijo Avery Dulles, en la actualidad hay mucha presión para que los ministros sean “exitosos”, más que nunca antes. La idea misma de “éxito” es algo nuevo como medida para juzgar a los ministros. La antigua lista de criterio de evaluación tenía más que ver con la firmeza de la doctrina y con la lealtad y la consistencia de cumplir con los deberes. Pero nadie puede negar que, hoy, todos están siendo eclipsados por los criterios del “éxito”. No se trata solamente de que la iglesia busque ministros exitosos y descarte a los fracasados. También es verdad que los mismos ministros se aferran internamente a estos estándares. Si su iglesia no está creciendo en cantidad de miembros y finanzas, comienzan a odiarse a sí mismos.

La anatomía del “Éxito”: Dulles describe la idea moderna del “éxito” ministerial de forma más expresiva que simplemente el “crecimiento de la iglesia”.

Él dice que hoy en día existe mucha presión sobre los ministros para que tengan la capacidad de:

1) crear experiencias religiosas poderosas para las personas, y

2) atraer una cantidad grande de personas gracias al poder de tu encanto personal

¿Por qué esto es así? El “individualismo expresivo” de la cultura moderna ha erosionado profundamente la lealtad a las instituciones y a las comunidades. Los individuos ahora son “consumidores” que acuden o cambian rápidamente de lugar apenas pueden para que sus necesidades inmediatas sean satisfechas directamente. Y solo permanecen mientras sean satisfechas. Van a asistie a una iglesia solo si (y mientras que) la adoración y la predicación  pública sea inmediatamente fascinante y atractiva. Por lo tanto, “¡el parroquiano está muerto!” Lo que está muerto es el concepto de un compromiso individual 1) con el barrio y la ciudad, y 2) con la comunidad de cristianos dentro de ella, comprometidos como un cuerpo para servir  ese barrio en el nombre de Cristo.

Lo que lo “mata” es profundo y “sistemático” en nuestra sociedad.

Los mismos individuos están moldeados por la cultura de pensar primero en su propia felicidad y prosperidad, y no permitir que los compromisos con el cuerpo colectivo o las instituciones sean una barrera para alcanzar metas personales. El “sacrificio” es psicológicamente insalubre desde este punto de vista del mundo. Esta cosmovisión lleva a un “consumismo” espiritual completo como se describió anteriormente.

Pero incluso si un cristiano es capaz de despojarse de forma personal de esta cosmovisión radicalmente individualista, de todos modos la cultura lo empujará hacia esa dirección. Los trabajos demandan horas desmesuradamente largas, viajes y a menudo múltiples mudanzas a diferentes ciudades, y las compañías despiden y reducen personal en el acto. Por lo tanto es casi imposible “quedarse quieto” en nuestra cultura y tener alguna clase de carrera. Esto significa incluso que los cristianos que están tratando de despojarse de esta cosmovisión individual, se mudan constantemente a nuevos lugares y hacen “compras de iglesia”. Si te mudas cada tanto y llegas a una nueva ciudad buscando una iglesia, probablemente las características que quieras en esa nueva iglesia serán aquellas que satisfacen inmediatamente las necesidades de tu familia. Casi no puedes pensar en términos de “servicio”. No vas a pensar en compromisos a largo plazo con la comunidad cristiana y con la comunidad más amplia en el nombre de Jesús. No vas a estar pensando si tus dones y tu llamado encajan en una comunidad cristiana que parece que será efectiva en mostrar a la ciudad la naturaleza del evangelio y el Reino de Jesús. Es natural que estés pensando como un consumidor, no como un siervo.

¿La aceptación del “éxito” en la iglesia? Durante las décadas del 70 y del 80 uno de los movimientos o escuelas de pensamiento “práctico-teológicos” más influyente fue el movimiento del “Crecimiento de la iglesia” [“Church Growth”], fundado por Donald McGavran y C. Peter Wagner. Durante más de 20 años hubo un fluir (aparentemente) interminable de libros escritos a nivel popular para pastores sobre “Cómo hacer crecer tu iglesia”. Al principio solo las iglesias evangélicas adoptaron el movimiento, pero finalmente las iglesias tradicionales, debido a la disminución de los números, también comenzaron a prestarle atención. Este movimiento trajo muchos cambios buenos (y probablemente permanentes) en el ministerio del mundo occidental.

Pero también coloca una enorme presión sobre el pastor promedio. ¿Por qué? La impresión dada por el popular libro del crecimiento de la iglesia promedio (¡y se produjeron cientos durante un período de 20 años!) fue que el crecimiento de la iglesia es el producto de “seguir estos 10 pasos factibles”. “¡Si ese es el caso, y la iglesia no está creciendo, debes de ser incompetente!” Miles de pastores internalizaron profundamente la oración anterior, aunque pocos escucharon a alguien decirlo en voz alta. Muchos críticos, al mirar hacia atrás los movimientos de aquellos años suponen que estaba influenciado en gran parte por el trasfondo cultural general hacia el individualismo y el consumismo. Era de alguna forma y en alguna manera una sobre adaptación de la “sobre contextualización” de la cultura.

el criterio de la “fidelidad”

Dentro de la iglesia recientemente ha habido una fuerte aceptación del criterio del “éxito” y una reacción virulenta contra el mismo.

En la década del 90, hubo una importante reacción contra el movimiento del Crecimiento de la Iglesia y comenzaron a aparecer un montón de libros que ponían énfasis en la fidelidad más que en el éxito. Este movimiento también ha pasado hacia nuestra práctica del ministerio en Occidente y ha tenido un muy buen efecto.

Uno de los proponentes principales de esta reacción contra el crecimiento de la iglesia y el “éxito” ha sido Eugene Peterson. Para el pastor bajo la presión del “éxito”, sus libros son como una briza fresca en el desierto. Él acentúa los clásicos recursos de la teología pastoral y pone énfasis en las tareas pastorales tradicionales:

  • el cultivo de la vida interna a través de la contemplación y la oración
  • la recuperación del arte de proveer dirección espiritual individual
  • la edificación de una iglesia-comunidad íntima

Él está vehementemente en contra del modelo de “pastor como gerente general” y pide con insistencia un modelo de pastor como pastor de ovejas. En general, el es un contrapeso muy necesario que brinda equilibro a los excesos de las décadas del 70 y del 80. Pero algunos han señalado que:

– el modelo de Peterson también puede inducir a la culpa porque es casi poco realista en sus demandas de vida solitaria y oración y de un pastor relajado en un mundo “apurado”.

– Peterson se acerca a “absolutizar” un “modelo” particular de ministerio (que solamente funciona en las congregaciones más pequeñas que siguen los clásicos modelos de las iglesias “dirigidos por la comunidad” o quizá “dirigidos por la preocupación social”.

El movimiento reaccionario al crecimiento de la iglesia también ha tomado otra forma. También hay libros sobre la “Iglesia misional” publicados por la red “El Evangelio y nuestra cultura” (Darrell Guder, Craig Van Gelder, George Hunsberger) junto a una variedad de otros pensadores, muchos de los cuales han enseñado en el Seminario Fuller (como Miroslav Volf, James William McClendon, Jr, and Nancy Murphy) o en el Seminario Duke (como Stanley Hauerwas, William Willimon, and Richard Hays). Estos pensadores han sido muy influenciados por la tradición anabaptista y por Alaisdair MacIntyre (que escribió el libro seminal After Virtue [Tras la virtud]). Ponen gran énfasis en edificar comunidades cristianas contra culturales “profundas”, y en las habilidades de los pastores  que lo hacen. Esto encaja perfectamente con los Eugene Petersons y los Marva Dawns que están reaccionando contra el movimiento de las mega iglesias, y que se enfocan en las disciplinas pastorales tradicionales de visitar a los feligreses, de edificar la comunidad, de la dirección espiritual y de la palabra y el sacramento.

Pero el eslogan “fiel, pero no exitoso” es una sobre simplificación que también tiene sus peligros. La exigencia de que los ministros sean competentes (no tan solo leales y fieles) no es nueva. No es una innovación moderna. Ver el Capítulo 2 sobre el Discursos a mis estudiantes [Lectures to My Students] de Charles Spurgeon escrito hace 150 años. A continuación se encuentra un pasaje en el que Spurgeon está tratando de señalar que se necesita más que fidelidad para hacer a un ministro.

“Me parece que ciertos hombres buenos se distinguen por una enorme [pasión] y celo, y una ausencia de cerebro; hermanos que hablarían por siempre y siempre sobre nada, que golpearían La Biblia, sin obtener nada de la misma; se lo toman muy en serio, terriblemente en serio, gran cantidad del trabajo más doloroso, pero no sale nada de eso… por lo tanto usualmente he rechazado sus solicitudes”.

¡Este es un párrafo doloroso! Observa que Spurgeon siente un claro afecto por estos hombres. No los está ridiculizando. Él dice que son fieles y están profundamente comprometidos con la tarea del ministro, pero “pero no sale nada de eso” y por ese motivo rechaza sus solicitudes para su escuela de ministros.  En otras palabras, él duda de que Dios los haya llamado, porque cuando enseñan hay poca o ninguna enseñanza, y cuando evangelizan hay poca o ninguna conversión.

En resumen, es una sobre simplificación decir que “fidelidad” es lo que solía importar y que solo en los tiempos modernos hubo todo este énfasis en atraer a las personas y mantenerlas en la iglesia. En los siglos anteriores todos conocían a los buenos predicadores de los malos y a los buenos pastores de los malos. Y muchos pastores malos (¿no llamados por Dios?) eran “fieles”.

el Criterio de ser “fructíferos”

Probablemente un tema más bíblico para una evaluación ministerial que simplemente la”fidelidad” y el ser  “fructíferos”. Aquí tomamos nuestras pistas de Pablo

Primero, se encuentran los frutos de los convertidos al evangelio. Pablo le dice a los cristianos romanos que quiere venir y predicar en Roma ” para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles” (Romanos 1:13, RVR60).

Segundo, se encuentra el fruto del carácter piadoso que un ministro puede ver crecer en los cristianos bajo su cuidado. Este carácter se llama “fruto del Espíritu” (Gálatas 5:22), y las buenas obras, como la misericordia hacia los pobres, se llama “fruto” (Romanos 15:28).

La teología bíblica prácticamente nos asegura que los ministros de la palabra son verdaderamente llamados van a llevar fruto. ¿Por qué? ¡La doctrina de la elección! Dios le dijo a Pablo que su ministerio sería exitoso “sigue hablando y no te calles… porque tengo mucha gente en esta ciudad” (Hechos 18:9-10). Cuando Pablo predicaba: “creyeron todos los que estaban destinados a la vida eterna” (Hechos 13:48). Muchos ministros del evangelio han utilizado esta doctrina para racionalizar la falta de fruto en su ministerio. En realidad, ¡la doctrina de la elección asegura el fruto! “No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure” (Juan 15:16). ¿Estás llamado al ministerio? Entonces vas a llevar fruto, un fruto garantizado por el llamado y la elección de Dios.

Por otro lado, el tema de ser “fructífero” se extiende como una metáfora para que el ministerio de la palabra se asemeje a la jardinería. En la jardinería, las habilidades o la “fidelidad” del jardinero solo es un factor para determinar el “éxito” del jardín. El nivel de fertilidad varía grandemente debido al suelo (algunos grupos de personas tienen una gran dureza de corazón) y también a las condiciones climáticas (el soberano Espíritu de Dios). Y también hay “épocas”. Pablo dice que algunos ministros plantan, algunos riegan, algunos siegan (1 Corintios 3:6). A veces, la época de la siembra se confunde con la “fertilidad”.

El modelo de la “fertilidad” lleva a la “expectativa como también la paciencia” (Charles Bridges, The Christian Ministry [El ministerio cristiano] pág. 76 [del original en inglés]). Debemos ser pacientes y adoptar una perspectiva amplia de trabajo, pero al mismo tiempo debemos preocuparnos profundamente por una continua falta de fruto y éxito. Debemos tomarlo seriamente y no racionalizarlo.

en resumen:

El movimiento del crecimiento de la iglesia ha hecho muchas y duraderas contribuciones acerca de cómo nos ocupamos del ministerio. (Harvie Conn y Manny Ortiz, que han sido críticos de la teoría desequilibrada del Crecimiento de la iglesia, hacen un excelente trabajo resumiendo las contribuciones duraderas del movimiento misional y al ministerio desde el capítulo 14 al 17 de su libro Urban Ministry  [Ministerio urbano]). Y la reacción contra el Crecimiento de la iglesia nos ha ayudado (en especial a los protestantes) a recuperar antiguos recursos al enfatizar la contemplación pastoral, la dirección espiritual y la edificación de la comunidad. Si mantienes el tema de llevar “fruto” como el criterio clave para la evaluación ministerial y lees extensamente sobre estas áreas vas a sacar provecho de todos ellos. Si te enfocas demasiado tanto en el paradigma del “éxito” o en de la “fertilidad” para evaluarte no vas a poder sacar provecho de todas estas obras y pensadores.

pregunta de Reflección:

¿Dónde has visto estas señales de fertilidad en tu vida y ministerio? ¿Esto también fue verificado por otras personas?

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